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Oraciones 2

Mira, Señor, mi alma distraída
en mil preocupaciones de esta tierra:
trabajo, compañeros, amigos y familia,
asuntos personales
de escasa trascendencia para el alma.
Y Tú no estás presente
en buena parte de ellos.
 
¡Qué tonto soy, Jesús, que no te hago entrar
en todos los asuntos de mi vida...!
Si cuando estás, ya sé
que todo se revela más sencillo.
 
La sombra de tu Cruz en mis asuntos
trastoca todo el orden e importancia.
Se vuelven más sencillos los problemas,
amables las palabras y dulces las miradas.
Abrazo, como hermano, al enemigo;
se vuelven comprensibles las flaquezas...
 
Mira, Señor, mi alma distraída
en mil preocupaciones de esta tierra:
requiero tu presencia en todas ellas
para divinizar mis pensamientos.




La Visita

  Déjame entrar Señor que tengo prisa...;
que he de volver a un mundo apresurado,
inmerso en la ambición y en el pecado,
huérfano de la luz y de la risa.
 
Déjame entrar que mi dolor precisa
hacer un alto en el camino andado;
porque tengo, Señor de tan cansado,
el gesto vago y la virtud remisa.
 
Déjame entrar Señor sólo persigo
pararme un rato, recobrar la calma,
pensar un poco y dialogar Contigo.
 
Soy el mismo de ayer tu viejo amigo
déjame entrar a confortarme el alma
luego, Señor cuando queráis... prosigo.
A. Trujillo Téllez





Ilumina nuestra oscuridad,
te rogamos, Señor,
y por tu gran misericordia
defiéndenos de todos los riesgos
y peligros de esta noche.
 
  (Liturgia de la Iglesia anglicana)



Oh Dios, fuerza del débil, consuelo del afligido,
amigo del solitario: no dejes que la pena abrume a tus hijos,
ni la angustia del corazón les separe de Ti.
Concédeles que en la paciencia de la esperanza
y la compañía de Cristo puedan seguir a tu servicio y viviendo santamente,
hasta que finalmente alcancen plenitud de vida ante tu rostro,
por Jesucristo Nuestro Señor.

  (Libro de oficios metodista)




EL FARO

Esta noche estoy en mi cuarto, sintiéndome solo y triste.
Me parece que tanto se ha alejado
mi barco de la orilla que ya no
podré volver al faro, que ahora se ve
lejano e inalcanzable.

Siento como los vientos soplan fuerte,
y me tratan de alejar de mi refugio.
Las penas, el trabajo y la soledad
me alejan de mi Señor.

Pero hoy quiero pelear, y ya no me quiero ocultar,
lucharé y remaré, y mi meta prometida alcanzaré
pues no estoy solo ahora en este mar,
me acompaña el capitán. Aquel que dió vista
al ciego, voz al callado, alegría al triste.
Ese mismo ordena hoy a la tormenta "¡SILENCIO!"
y ésta le obedece.

Esta noche levanto mi voz a tí Señor,
y para hacer valer tu sacrificio te
entrego hoy todo este suplicio.

Sopla en mi Señor tu espíritu, y llévame hacia tí,
pues ya no quiero naufragar en este mar, y quiero por
siempre contigo estar.

De esta forma hoy, gracias a tu misericordia puedo ver tu luz
y emprendo mi camino hacia el faro que eres tú.
  
Arturo Quiros
Costa Rica
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